Autor: Jorge Ibargüengoitia
Nace en Guanajuato en 1928 y muere en 1983 en Madrid, en un accidente aéreo. Ingeniero de profesión, dramaturgo, поvelista, cuentista y cronista. Luego de incursiones irregulares en el teatro, Ibargüengoitia publica novelas excelentes: la sátira “revolucionaria” Los relámpagos de agosto (1964), Las muertas (1977) y Dos crímenes (1979); los libros de crónicas sarcásticas humorísticas: Viajes por la América ignota (1974) y Sálvese quien pueda (1974), y unos relatos casi autobiográficos: La ley de Herodes (1967), sucesión de estampas que bien podrían ser cuentos: En La ley de Herodes, la vida cotidiana es cadena interminable de pequeños desastres, donde quien no engaña es porque colecciona datos para su libro sobre las flaquezas del espíritu humano. Los poderosos lo son porque mienten y reprimen, los agentes de la CIA ni lo son ni dejan de serlo, toda mujer amada es una histérica, el propósito de la generosidad es la humillación del prójimo, los hombres rectos y poderosos son unos ladrones, y el ciudadano común y corriente es un verdadero imbécil. Lo anterior está en el libro, pero Ibargüengoitia jamás lo dice de modo explícito, no extrae moralejas, le es suficiente con ajustar cuentas normalmente. A él la operación de reducir la literatura a consignas morales e ideológicas o a manipulaciones de destreza, le parece tan desagradable e inútil como un deshojamiento semiótico. Y sin embargo, su recelo y su pesimismo son factores literarios y culturales que determinan el estilo llano y el tono sardónico y áspero, sólo enardecido levemente ante la estupidez.


