En defensa de la democracia

José Woldenberg Karakowsky

  • Precio aproximado: $ 270.00 MXN
  • Número de páginas: 216

La obra

Este libro tiene como preocupación fundamental la pervivencia (y ojalá robustecimiento) de nuestro germinal régimen democrático. Porque como toda edificación humana la democracia puede fortalecerse, reblandecerse e incluso desaparecer para dar paso a fórmulas autoritarias. Reúne textos escritos entre 2014 y 2019.

Se trata de textos redactados con una clara intencionalidad política y que intentan contribuir a un debate y una reflexión más allá de la coyuntura, aunque pertinentes para el momento actual. Vivimos una situación fluida e incierta, pero de lo que hagamos o dejemos de hacer ahora dependerá, en buena medida, nuestro futuro común.

Woldenberg estudia y pondera con la inteligencia de un testigo paciente la contradictoria realidad nacional, defiende los logros de la joven e imperfecta democracia mexicana y los cambios definitivos de la vida política del país.

Fragmentos ilustrativos

Quizá uno de nuestros autoengaños más persistentes sea el de pensar a la sociedad como un manantial de virtudes, de conductas justicieras, habitada por ciudadanos, en principio, morales.

El proceso democratizador se ha visto acompañado por una densa sombra: la paralización económica, que en español quiere decir déficit en la creación de empleos formales, crecimiento exponencial del universo de la informalidad, migraciones masivas dentro y hacia afuera del país, falta de oportunidades laborales y educativas para millones de jóvenes, e incertidumbre y deterioro de las condiciones materiales de vida de un sinnúmero de familias.

Es una triste paradoja que al amparo de un régimen autoritario la economía haya crecido y que durante el tránsito democratizador y el establecimiento de la democracia no haya sucedido así.

Libertad sin orden, ya se sabe, puede generar anarquía, y orden sin libertad es sinónimo de dictadura.

Hemos, como sociedad, creado y robustecido la cara expresiva de la democracia. Basta abrir cualquier periódico al azar para enterarse de reclamos distintos, movilizaciones de todo tipo, acusaciones, ocurrencias y proclamas, amenazas y propuestas. Cada individuo, grupo, asociación, se reafirma, se expresa, demanda, exige. En buena hora.

Extrema riqueza y extrema pobreza coexisten en el territorio nacional y el conjunto de grises intermedios no pueden construir un nosotros inclusivo.

Los privilegios son eso, un trato excepcional a través de reglas o indultos que benefician a unos en perjuicio de otros, pero que son vividos por sus beneficiarios como si fueran derechos.

La desigualdad es la marca de México. No hay un rasgo del país que lo modele con más fuerza. En todas las áreas gravita y en todas deja su huella.

Bajo el supuesto de que se encuentran en un juego de suma cero, los partidos creen que la descalificación del contrario redunda en su propio beneficio. Lo que gana uno lo pierde el otro, piensan y se regocijan. No les cabe en la cabeza que están bajo un formato en el que todos pierden a los ojos del público.

Asumir que cualquier régimen de gobierno puede ser pasajero es un buen punto de partida. No existe ley de la historia que garantice que un régimen democrático esté condenado a pervivir.

El malestar con la vida política tradicional, alimentado por fenómenos de corrupción, inseguridad, falta de crecimiento económico y debilidades del Estado de derecho, fue el “caldo de cultivo” que permitió un crecimiento espectacular de la candidatura de AMLO.

El futuro no está escrito. En materia política, quiero pensar que el México de hoy, plural, masivo, contradictorio, no cabe ni quiere hacerlo bajo el manto de un solo partido, un solo ideario y un solo liderazgo.

La complejidad de la sociedad mexicana no permite, ni remotamente, una relación directa entre gobierno y ciudadanos.