La noche de Iguala. Secuestro, asesinato y narcotráfico en Guerrero

Jorge Fernández Menéndez

  • Precio aproximado: $320.00 MXN
  • Número de páginas: 248

El asesinato de los jóvenes de Ayotzinapa es uno de los eventos más crueles que hemos sufrido, consecuencia de una década de violencia del narcotráfico, que ha generado decenas de miles de víctimas.

No fue un crimen político: fue la consecuencia de la corrupción, la violencia y la impunidad con que actúan las fuerzas del crimen organizado y de su complicidad con autoridades municipales y estatales. Alegar que “el Estado” fue el responsable de esos crímenes injustificables es una forma de asumirse como cómplice de los criminales, otorgarles una coartada para quedar impunes y alejar, cada día más, la posibilidad de hacer justicia. Una justicia que esos jóvenes sacrificados por el crimen merecen y que no se les puede negar.

¿Qué sucedió la noche del 26 de septiembre de 2014 en Cocula? Las autoridades y los familiares de las víctimas lo saben desde fines de ese año con toda claridad. Hay testimonios de lo sucedido, algunos se han hecho públicos y otros no. Transcribiremos los más importantes. Son materiales que están en poder de las autoridades, de los familiares y de sus abogados. El relato es largo pero terriblemente contundente.


Fragmentos ilustrativos

«Cuatro años después de la desaparición y muerte de los jóvenes estudiantes de Ayotzinapa, no es verdad que no se sabe cuál fue su destino.»

«Fueron policías de Iguala y Cocula quienes entregaron a los 43 estudiantes de Ayotzinapa al grupo criminal Guerreros Unidos. Fueron ellos quienes asesinaron a tres normalistas y tres civiles la noche del 26 de septiembre y quienes también dejaron heridas por arma de fuego a otras 17 personas […] Lo hicieron porque les resultó más rentable trabajar para el crimen que para la ciudadanía.»

«No fue el Estado el que mató a los jóvenes de Ayotzinapa, no participó en esos hechos el ejército, fueron narcotraficantes, ligados a policías y autoridades municipales y posiblemente locales.»

«Y mientras Pineda Villa de Abarca se codeaba con las altas esferas de la política guerrerense y escalaba posiciones, el grupo criminal del que presuntamente era líder, Guerreros Unidos, se iba asentando cada vez más en Iguala.»

«El centro se comunica por radio con los policías de Iguala para informarles las instrucciones: A5 ha ordenado enfrentar a los estudiantes.»

«Para ese momento de la noche ya estaban en choque la osadía y el sentido de provocación de los normalistas de Ayotzinapa y la capacidad de violencia de una policía cooptada por el crimen organizado.»

«El grito de auxilio no era nuevo, pero fue hasta la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa cuando todo mundo volteó hacia Guerrero, donde el poder y la infiltración del narcotráfico parecían un secreto a voces.»

«Desde mucho antes del fatídico 26 de septiembre de 2014, Iguala ya era una zona de horror donde la gente desaparecía y, por las noches, pasaban camionetas cargadas de cadáveres rumbo a los cerros.»

«El 27 de enero de 2015, tras una ardua investigación, la Procuraduría General de la República presentó el informe final del caso y concluyó que la “verdad histórica” de los hechos es que los 43 normalistas fueron ejecutados e incinerados en el basurero de Cocula por Guerreros Unidos porque creían que eran miembros de la banda rival Los Rojos.»

«Durante 2017, Guerrero ocupó los primeros lugares de incidencia delictiva a nivel nacional. En ese año se registraron 53 agresiones a las autoridades, 16 a militares, mil 582 homicidios y 78 secuestros.»