Así suele ser la vida

José Woldenberg Karakowsky

  • ISBN: 978-607-9357-97-9
  • Precio aproximado: $350.00 MXN
  • Presentación: Rústico
  • Número de páginas: 312

Éste es un libro de reconocimientos. De micro homenajes a amigos y compañeros, a creaciones y trayectorias, a personajes ejemplares en situaciones críticas. En una época marcada por la maledicencia y un agrio humor público no está de más recordar las obras –novelas, películas, estudios, ensayos– y a las personas –conocidas o no, cercanas o lejanas– que han coadyuvado a hacer mejor –o menos peor– la vida. Vivimos un momento crispado, no proclive al reconocimiento de los otros. Un país marcado por sucesivos actos de corrupción que quedan impunes, por una nube de violencia que deja una potente cauda de muertos, desaparecidos, familias quebradas, sumados a una economía que no le ofrece un horizonte productivo a millones de jóvenes, más nuestras ancestrales desigualdades que impiden referirse a un México medianamente integrado, son el caldo de cultivo de un humor social desencantado, colérico, tenso y en muchas ocasiones cínico. Parecería que en esa situación no hay espacio para los agradecimientos, para los recuerdos gratificantes, para registrar que en el transcurso de la vida seguramente hubo y hay personas y obras que la han hecho más placentera, ofreciendo sentido a la existencia.
—José Woldenberg

Comentarios de la crítica:
“Es precisamente en el cine, la literatura, la vida académica y la política donde Woldenberg ha encontrado las plataformas que le han servido para cimentar su vida y su forma de ser.” —El Informador

“Con estos breves homenajes a la narrativa y al cine, Woldenberg acierta en la necesidad de subrayar que no todo lo que acontece en México es «sombrío e infame.» —Milenio

Fragmento:

JEP, apenas tres notas

1. La promesa quebrantada. Un muy joven José Emilio Pacheco, que aún no cumplía los 24 años, escribió:

Atrás de las jaulas se levanta la estación del ferrocarril. Un buen número de niños sube a él, a veces acompañados por sus padres. Suben con entusiasmo y cuando el tren inicia su marcha se sobresaltan y luego miran con júbilo la maleza, los bosques, el lago artificial. Lo único singular en este tren es que nunca regresa –y cuando lo hace, los niños que viajaban en él son ya hombres que, como tales, están llenos de miedo y de resentimiento». [«Parque de diversiones», El viento distante. era, 1963.]

Esa imagen se convertirá en una constante en su escritura. La vida, el transcurrir del tiempo, el viaje, nos transforma, nos convierte en otros, nos malforma, y además no hay regreso posible. No existe en JEP idealización de la niñez o la juventud; no obstante, lo natural de las biografías son las esperanzas defraudadas. Más de cuarenta años después insistió: «A los veinte años nos dijeron: “Hay / Que sacrificarse por el Mañana” /. Y ofrendamos la vida en el altar / Del dios que nunca llega. / Me gustaría encontrarme ya al final / Con los viejos maestros de aquel tiempo. / Tendrían que decirme si de verdad / Todo este horror de ahora era el Mañana». («El mañana», Como la lluvia. Poemas 2001-2008. era, 2009.)
Por ello, creo, sus textos irradian una nostalgia profunda. Pero no por un paraíso perdido –hay suficiente evidencia en sus cuentos, novelas y poemas de los pavores que la niñez porta– sino por una promesa incumplida. La ilusión de que el futuro sería superior, más luminoso, más promisorio. Quizá fue el espejismo del progreso o las simples ganas de que las cosas fueran mejores. Pero lo cierto es que «tendrían que decirme si de verdad, todo este horror de ahora era el mañana».

2. La indomable realidad. A quienes andamos navegando por ese mar alambicado al que llamamos ciencias sociales, plagado de causalidades imaginadas, vastas armonías teóricas y simplismo especulativo, no nos haría mal acercarnos a un poema de José Emilio Pacheco. Dice así: «El tremendismo de la realidad, / Su incurable tendencia / Al melodrama y a lo absurdo. // La realidad es psicópata: / Jamás se compadece de sus víctimas. / Hace trampa al jugar con la esperanza. // Todo lo escribe mal con letras chuecas / Llenas de errores de sintaxis. / Ignora el ritmo, el tono, la armonía. / Confunde los papeles asignados. / Olvida lo que dijo en la otra página. // Debería entrar en un taller literario, / Aprender cuando menos rudimentos / De verosimilitud, coherencia y orden. // Sin embargo posee en alto grado / Una virtud artística suprema: / No se repite nunca, / Siempre es nueva, / Siempre nos deja con la boca abierta». («Literatura y realidad», ibid.).
La rebeldía de «la realidad» es suprema, no se deja domar por las más bravas construcciones conceptuales; suele rebasarlas, desbordarlas, desmentirlas. Su fuerza radica en su capacidad para contrariar nuestras expectativas y lanzar por la ventana prescripciones, ilusiones, supuestas leyes de las cosas. La pretensión de someterla, de explicarla, de subyugarla a nuestros designios, resulta vana y pueril. Disculpen, diría JEP, «no se repite nunca, siempre es nueva, siempre nos deja con la boca abierta». Olvídense de determinismos huecos, de códigos omnicomprensivos, eso que llamamos realidad es algo mucho más complicado que cualquier esquema y sin duda, mucho más bronca.

3. El miedo y el pasmo. Sorpresa y miedo acompañan la existencia y se encuentran de manera recurrente en la obra de JEP. «La figura del huésped solitario en la ciudad hostil resume el paso por la vida». («De paso», El silencio de la luna. era, 1994). Y esas características aparecen ya desde El viento distante: el linchamiento de quienes nunca entendieron los códigos de sus vecinos («Algo en la oscuridad»), la agresión, al parecer gratuita, que un padre y su pequeña hija contemplan de un niño negro por una banda de blancos («No entenderías), o la pobre gorda que sueña con su príncipe azul y que es ofendida, rebajada, mal tratada en el carnaval veracruzano («La reina»), son cuentos que trasmiten asombro y miedo porque la conducta de los otros resulta incomprensible y siempre acechante. Paradójicamente, sin embargo, JEP pudo escribir y con razón: «Si vuelvo alguna vez por el camino andado / no quiero hallar ni ruinas ni nostalgia. // Lo mejor es creer que pasó todo / como debía. / Y al final me queda/ una sola certeza: / haber vivido». («Certeza», Ciudad de la memoria. era, 1989.)  

Frases:

«Algunos llegamos a tener el privilegio de contar con amistades que nos importan sobremanera y en las que pensamos cada vez que hacemos algo que creemos significativo»

«de Fito [Antonio Sánchez Rebolledo] aprendí que una política sin diagnóstico y sin horizonte es simple pragmatismo, pero también que la política solamente puede entregar sus frutos con el trabajo diario, con la militancia, con la organización»

«[Antonio Sánchez Rebolledo]  Sabe o intuye que la conversación es uno de los logros civilizatorios más relevantes, que es la fórmula natural de encuentro entre dos personas, pero que además a través de las historias que nos contamos forjamos una especie de tela de araña que nos acaba atrapando»

«Somos en buena medida los relatos que nos contamos y que otros cuentan sobre nosotros»

«Eso que llamamos vida sería un páramo sin el tónico del afecto y el cariño que sólo ofrecen las amistades largas»

«Las espirales de violencia construyen campos enemigos donde se estrecha el espacio para los individuos inocentes. Es una desgracia»

«La ira es un resorte connatural a la existencia humana y la aspiración de venganza una ballesta más aceitada de lo que se piensa»

 «La vida, el transcurrir del tiempo, el viaje, nos transforma, nos convierte en otros, nos malforma, y además no hay regreso posible»

«Eso de la solidaridad con el otro es más bien un buen deseo en el que nadie cree. Más bien, la desgracia del vecino suele ser la alegría del compadre. O a la inversa»

«Olvídense de determinismos huecos, de códigos omnicomprensivos, eso que llamamos realidad es algo mucho más complicado que cualquier esquema y sin duda, mucho más bronca»