Por décadas, hasta antes de los años sesentas y la ventilación que trajeron consigo en todos los órdenes, el sexo olía en México a sacristía y confesionario, chiste del Tívoli y mitificado burdel de La Bandida, estampas pornográficas de San Juan de Letrán y sanción religiosa sobre la misión exclusiva de los órganos sexuales para reproducir la especie; si es cierto que muchas zonas de ese México viven aún en nuestros usos y costumbres sexuales, hoy nuestro cambio social es tan vertiginoso que arrastra también a tales usos y costumbres hasta ponerlos en el centro de la vida moderna, y con una aventurable conclusión:
la sociedad mexicana es hoy más libre, sexualmente, y pese al SIDA, de lo que ha sido en toda su historia, incluyendo los decisivos sesentas y setentas. Las páginas de este libro, que aparecieron originalmente en la revista Nexos en un número coordinado por Hermann Bellinghausen, se dedican a documentar esa libertad o, en su defecto, el modo en que sigue dilatando su llegada. Como en una colección de videoclips, entre asuntos y personajes, hablando a veces en boca propia y a veces radiografiados por ojos u oídos periodísticos; ya sea en textos de especialistas como Carlos Monsiváis o en textos que transcriben una narración directa hecha a la libreta o a la grabadora, por El nuevo arte de amar pasan el ligue (y, a veces, cómo lograrlo) y los postdonjuanes,
SIDA y SADE, las venus vanas de fin de milenio y las todavía existentes -dijo José Juan Tablada- “lamias cachondonas de vuelta del tripudio”; las cuarentonas querendonas, las chicas de hoy y los travestis que, como se sabe, no se sabe si son gavilanes o palomas; las construcciones verbales desde el diván y las instancias de la vida gay; la sordidez de los nuevos recintos del strip-tease donde “ya se vale de todo” y las relaciones entre la cultura y la calentura: los sueños, las realidades, los mitos que perduran y las tradiciones que se derrumban, la revolución sexual y sus saldos, la pureza de los impulsos, las nuevas canciones de letrina: todo en este breviario está cifrado. ¿Qué cara tiene hoy el sexo en México?





